Algo que deben saber acerca de mí, es que amo y vivo fascinado por la teología; no obstante, hay cosas aún mejores, como por ejemplo, la blasfemia. Como todo buen mexicano, crecí rodeado de ese catolicismo lleno de culpa, desobligado y colmado de deliciosos rituales, lo que al día de hoy me ha dado la posibilidad de conjeturar diversas facetas homosexuales de la realidad mexicana con los aspectos más relevantes del catolicismo, terminando así por convencerme y consecuentemente, por abogar por la firme de convicción de que todo homosexual mexicano debe ser católico. He aquí los diez motivos por los cuales te invito a ti, mi amiga jota horrenda a que te conviertas al catolicismo.
1.- Judas y la Culpa. El catolicismo se basa en la culpa: al nacer ya estás lleno de ella, porque al parecer un dude y una fulana se comieron una manzana hace mucho tiempo. La biblia está llena de picosas historias de traición y culpa, donde el común denominador es un extraordinario sentido de la culpa y la teatralidad, un ejemplo claro: la traición de Judas.
Existía este dude llamado Judas que al parecer tenía un gran maestro y todo era buena onda. Sin embargo, el destino estaba escrito y era necesario, para engrandecer la existencia del señor, nuestro Judas debía traicionar a Jesús (y se lo echó en cara antes); entonces el pobre hombre, cargando con el peso de la leyenda por nacer y la presión de los judíos y una ayuda financiera coquetona, terminó por entregar a su maestro con un beso muy mono, trayendo consigo el asunto de la crucificada y demás.
Analicemos un poco el relato hasta este momento, el hombre sabía qué iba pasar, no era tonto, de hecho era de los más chidos de la pandilla de cristo y a pesar de todo, en aras de contribuir con el engrandecimiento del martir, fue y entregó a Chuyito, a sabiendas de que se convertiría en el traidor por excelencia durante toda la existencia de la humanidad. En pocas palabras, por el bien de la religión y el mito, el destino de este hombre era el de ser villano y de paso comprometer todo tipo de sanidad mental con la antesala de entregar a Cristo y la posterior estigmatización (LOL, metáforicamente); no suficiente con destinarlo a una vida mala onda con ese fatídico porvenir (eso del libre albedrío no funciona acá, pues el creador había estupilado que fuera de esa manera), se escribiría que se sintiera tan CULPABLE que se terminara suicidando, impiendo bajo cualquier circunstancia que éste fuera al cielo.
Hay tres cosas que debemos resaltar de esta lección: el maravilloso sentido de la tragedia, la teatralidad y el horrendo destino de las jotas. En este sentido, todas las jotas somos como Judas, nacemos como tal y ya somos errores de dios (somos creación de, le guste a quien le guste); y no podemos hacer nada de nada para remediarlo y si fuera poco, nuestra existencia está llena de drama, exageraciones teatrales dignas de Silvia Pinal, el gusto por besar a otros hombres y el sentimiento extraordinario de culpa que siempre termina en una tragicomedia digna de la edad media.
Continuará...
Existía este dude llamado Judas que al parecer tenía un gran maestro y todo era buena onda. Sin embargo, el destino estaba escrito y era necesario, para engrandecer la existencia del señor, nuestro Judas debía traicionar a Jesús (y se lo echó en cara antes); entonces el pobre hombre, cargando con el peso de la leyenda por nacer y la presión de los judíos y una ayuda financiera coquetona, terminó por entregar a su maestro con un beso muy mono, trayendo consigo el asunto de la crucificada y demás.
Analicemos un poco el relato hasta este momento, el hombre sabía qué iba pasar, no era tonto, de hecho era de los más chidos de la pandilla de cristo y a pesar de todo, en aras de contribuir con el engrandecimiento del martir, fue y entregó a Chuyito, a sabiendas de que se convertiría en el traidor por excelencia durante toda la existencia de la humanidad. En pocas palabras, por el bien de la religión y el mito, el destino de este hombre era el de ser villano y de paso comprometer todo tipo de sanidad mental con la antesala de entregar a Cristo y la posterior estigmatización (LOL, metáforicamente); no suficiente con destinarlo a una vida mala onda con ese fatídico porvenir (eso del libre albedrío no funciona acá, pues el creador había estupilado que fuera de esa manera), se escribiría que se sintiera tan CULPABLE que se terminara suicidando, impiendo bajo cualquier circunstancia que éste fuera al cielo.
Hay tres cosas que debemos resaltar de esta lección: el maravilloso sentido de la tragedia, la teatralidad y el horrendo destino de las jotas. En este sentido, todas las jotas somos como Judas, nacemos como tal y ya somos errores de dios (somos creación de, le guste a quien le guste); y no podemos hacer nada de nada para remediarlo y si fuera poco, nuestra existencia está llena de drama, exageraciones teatrales dignas de Silvia Pinal, el gusto por besar a otros hombres y el sentimiento extraordinario de culpa que siempre termina en una tragicomedia digna de la edad media.
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