lunes, 3 de mayo de 2010

10 Motivos por los cuales los gay deben ser católicos (Segunda Razón)

Probablemente esta sea la entrega más llena de blasfemia de toda la serie; no obstante, creo justo y necesario llevar mi cruzada de evangelización "jotal" al siguiente nivel, y para hacerlo es necesario que vaya directamente a la figura central, tanto de la religión como del "jotismo" como tal: diosito y el hombre perfecto.

Como toda buena jota horrenda de la creación, todos soñamos con "ese" hombre ideal que llene completamente nuestras expectativas, y que son nuestras expectativas sino el vano reflejo de nuestras personalidades egolatras, sádicas y masoquistas, convirtiéndonos en meras paradojas con pies.

Y es precisamente ahí, donde radica la genialidad y el axioma que convierte al catolicismo en la religión por excelencia para toda pastora bicentenaria: dios es el hombre perfecto.

¿Qué es lo que queremos en un hombre? fácil y rápido: alguien varonil, sensible e inteligente; alguien que platique con nosotros del mago de oz, escuche jazz y que se sienta identificado con la sensibilidad, amargura e infinita capacidad de seducción de Rebeca Buendía. Pero eso no es todo, también queremos alguien que sea completamente varonil, nos jale el cabello, nos meta unas cachetadas, nos mande a callar y de paso que sea fiel, divertido y celoso.

La realidad es que es una contradicción completa y que no se puede ser alacrán y tener alas, o en este caso ser un mujercito lindo, amable y de buenos sentimientos y a la vez ser un leñador, mécanico grasiento y amante de tool.

Pues tengo noticias, el hombre perfecto sí existe: es el mismísimo diosito. Dios, está lleno de amor, misercordia y nos acepta tal como somos, su más grande y sublime creación y trabajo de vida; pero también es vengativo, capaz de quemar ciudades de jotos en su totalidad , inundar la tierra (pero no sin antes proporcionar una barquita muy mona), sacrificar a su hijo, ser el objeto de la guerra más grande de la historia de la humanidad y de paso brindarnos el más grande regalo: libre albedrío, pero cuidado con usarlo.

En este sentido, dios es el novio que nos trata bien, nos llena de felicidad y nos hace sentir vivos a través de la desgracia, el sufrimiento, la indiferencia y el látigo del desprecio; dios es el novio que nos pega por que nos quiere, nos cela, grita y humilla en público, solamente para terminar por besarnos tiernamente y elevarnos al cielo. Dios es el novio que nos engaña, nos hace sentir pena de nuestra realidad y nos enseña que se debe de llorar solamente en privado, en la ducha y preferiblemente de noche para terminar por conciliar en paz el sueño más profundo.

El dios católico es una contradicción, que solamente puede ser comparada con una relación estable de dos maricóncitos, que no saben lo que quieren, sufren, lloran y viven inmersos en un mar de profundo drama.

Y por si no fuera poco, nos llenó de fabulosas historias de pasión, protagonizadas por hombres bien hombres, que usan vestidos, besan y duermen desnudos con otros hombres; donde las mujeres son o vírgenes y castas o bien putas y repudiadas.

¿Quién dudaría en ser jotito, al cobijarse en tan súblime dios y religión?

sábado, 1 de mayo de 2010

10 Motivos por los cuales los gay deben ser católicos (Tercera Razón)

Tarde pero seguro. En las entregas anteriores develamos las dos primeras razones por las cuales todas las jotas debeberían ser católicos. He aquí el tercer motivo: el gusto por el pecado.

Simplemente lo diré: nadie como un error del mismo dios para pecar, de hecho somos los pecadores por excelencia. E irónicamente, ello nos eleva a la categoría de excelentes católicos, por que es premisa del catolicismo el reconocernos como pecadores, y no importa, siempre y cuando te arrepientas y se lo confieses a un hombre en vestido; en un ambiente lleno de olores interesantes, humo (incienso, mirra y demás), con ostentosa decoración e inclusive uno que otro hombre en escasa ropa pintado en las paredes.

Por más que la descripción anterior les recuerde a ese horrendo bar llamado fusión, en medio del show, con pleno trasvesti interpretando a Amanda Miguel o cualquier otro adefesio ochentero y emulando algo parecido al legendario "apagón"; no, no me refiero al fusión, una fiesta transgénero o cualquier otro lugar de pastoras bicentenarias; me refiero a la Iglesia (ya sé, las similitudes son maravillosas).

Al parecer, los católicos han desarrollado un sistema moral futurista que se basa en hacer lo que quieras, y me refiero a lo que quieras: tener sexo con hombres, matar, jurar en vano, orinar a la gente e inclusive escuchar los grandes éxitos de timbiriche, usar mallas estampadas, llenarte el pelo de aqua net y encima de todo usar donitas noventeras en la cabeza; y no sufrir ningún tipo de consecuencia realista, siempre y cuando te arrepientas de "corazón".

Lo anterior no suena lógico, pero es en realidad la única solución a una infraestructura donde todo es pecado, y me refiero a todo, inclusive pensar (de hecho es como que de las peores ofensas y dios sabe que nos arrepentimos profundamente de pensar). Es parte de esa dualidad (o bipolaridad) de dios (la que describí en la entrega pasada) que permite las más horrendas atrocidades y perdona, pero que igualmente condena casi todo lo que hacemos. ¿Cúal es la solución? rápido y sencillo: corre a tu iglesia más cercana, ponte de rodillas tal cual estuvieras ebrio y en necesidad de afecto, y pide perdón al puerco sobrealimentado sin mérito, talento y si quiera calidad humana. Te aseguro que sentirás que te quitas un peso de encima (probablemente la limosna con que te vacunen antes de salir) y caminarás libre de pecado, por lo menos algunos minutos.

En términos generales, puedes pecar cuanto quieras y lo único que tienes que hacer arrodillarte un ratito (probablemente eso fue el motivo que te llevó a pecar en primer lugar) y recitar unos bonitos versos (digo, si te la pasas cantando los grandes éxitos de Cher todo el santo día, que más da recitar los de chuyito, su padre y el tío incomodo).

Entonces vayan mis jotas horrendas, sean consumidos por el pecado, que eso les acerca más a la iglesia, a la salvación y probablemente a un horrendo sífilis.