sábado, 1 de mayo de 2010

10 Motivos por los cuales los gay deben ser católicos (Tercera Razón)

Tarde pero seguro. En las entregas anteriores develamos las dos primeras razones por las cuales todas las jotas debeberían ser católicos. He aquí el tercer motivo: el gusto por el pecado.

Simplemente lo diré: nadie como un error del mismo dios para pecar, de hecho somos los pecadores por excelencia. E irónicamente, ello nos eleva a la categoría de excelentes católicos, por que es premisa del catolicismo el reconocernos como pecadores, y no importa, siempre y cuando te arrepientas y se lo confieses a un hombre en vestido; en un ambiente lleno de olores interesantes, humo (incienso, mirra y demás), con ostentosa decoración e inclusive uno que otro hombre en escasa ropa pintado en las paredes.

Por más que la descripción anterior les recuerde a ese horrendo bar llamado fusión, en medio del show, con pleno trasvesti interpretando a Amanda Miguel o cualquier otro adefesio ochentero y emulando algo parecido al legendario "apagón"; no, no me refiero al fusión, una fiesta transgénero o cualquier otro lugar de pastoras bicentenarias; me refiero a la Iglesia (ya sé, las similitudes son maravillosas).

Al parecer, los católicos han desarrollado un sistema moral futurista que se basa en hacer lo que quieras, y me refiero a lo que quieras: tener sexo con hombres, matar, jurar en vano, orinar a la gente e inclusive escuchar los grandes éxitos de timbiriche, usar mallas estampadas, llenarte el pelo de aqua net y encima de todo usar donitas noventeras en la cabeza; y no sufrir ningún tipo de consecuencia realista, siempre y cuando te arrepientas de "corazón".

Lo anterior no suena lógico, pero es en realidad la única solución a una infraestructura donde todo es pecado, y me refiero a todo, inclusive pensar (de hecho es como que de las peores ofensas y dios sabe que nos arrepentimos profundamente de pensar). Es parte de esa dualidad (o bipolaridad) de dios (la que describí en la entrega pasada) que permite las más horrendas atrocidades y perdona, pero que igualmente condena casi todo lo que hacemos. ¿Cúal es la solución? rápido y sencillo: corre a tu iglesia más cercana, ponte de rodillas tal cual estuvieras ebrio y en necesidad de afecto, y pide perdón al puerco sobrealimentado sin mérito, talento y si quiera calidad humana. Te aseguro que sentirás que te quitas un peso de encima (probablemente la limosna con que te vacunen antes de salir) y caminarás libre de pecado, por lo menos algunos minutos.

En términos generales, puedes pecar cuanto quieras y lo único que tienes que hacer arrodillarte un ratito (probablemente eso fue el motivo que te llevó a pecar en primer lugar) y recitar unos bonitos versos (digo, si te la pasas cantando los grandes éxitos de Cher todo el santo día, que más da recitar los de chuyito, su padre y el tío incomodo).

Entonces vayan mis jotas horrendas, sean consumidos por el pecado, que eso les acerca más a la iglesia, a la salvación y probablemente a un horrendo sífilis.

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