Tarde pero seguro. En las entregas anteriores develamos las dos primeras razones por las cuales todas las jotas debeberían ser católicos. He aquí el tercer motivo: el gusto por el pecado.
Simplemente lo diré: nadie como un error del mismo dios para pecar, de hecho somos los pecadores por excelencia. E irónicamente, ello nos eleva a la categoría de excelentes católicos, por que es premisa del catolicismo el reconocernos como pecadores, y no importa, siempre y cuando te arrepientas y se lo confieses a un hombre en vestido; en un ambiente lleno de olores interesantes, humo (incienso, mirra y demás), con ostentosa decoración e inclusive uno que otro hombre en escasa ropa pintado en las paredes.
Por más que la descripción anterior les recuerde a ese horrendo bar llamado fusión, en medio del show, con pleno trasvesti interpretando a Amanda Miguel o cualquier otro adefesio ochentero y emulando algo parecido al legendario "apagón"; no, no me refiero al fusión, una fiesta transgénero o cualquier otro lugar de pastoras bicentenarias; me refiero a la Iglesia (ya sé, las similitudes son maravillosas).
Al parecer, los católicos han desarrollado un sistema moral futurista que se basa en hacer lo que quieras, y me refiero a lo que quieras: tener sexo con hombres, matar, jurar en vano, orinar a la gente e inclusive escuchar los grandes éxitos de timbiriche, usar mallas estampadas, llenarte el pelo de aqua net y encima de todo usar donitas noventeras en la cabeza; y no sufrir ningún tipo de consecuencia realista, siempre y cuando te arrepientas de "corazón".
Lo anterior no suena lógico, pero es en realidad la única solución a una infraestructura donde todo es pecado, y me refiero a todo, inclusive pensar (de hecho es como que de las peores ofensas y dios sabe que nos arrepentimos profundamente de pensar). Es parte de esa dualidad (o bipolaridad) de dios (la que describí en la entrega pasada) que permite las más horrendas atrocidades y perdona, pero que igualmente condena casi todo lo que hacemos. ¿Cúal es la solución? rápido y sencillo: corre a tu iglesia más cercana, ponte de rodillas tal cual estuvieras ebrio y en necesidad de afecto, y pide perdón al puerco sobrealimentado sin mérito, talento y si quiera calidad humana. Te aseguro que sentirás que te quitas un peso de encima (probablemente la limosna con que te vacunen antes de salir) y caminarás libre de pecado, por lo menos algunos minutos.
En términos generales, puedes pecar cuanto quieras y lo único que tienes que hacer arrodillarte un ratito (probablemente eso fue el motivo que te llevó a pecar en primer lugar) y recitar unos bonitos versos (digo, si te la pasas cantando los grandes éxitos de Cher todo el santo día, que más da recitar los de chuyito, su padre y el tío incomodo).
Entonces vayan mis jotas horrendas, sean consumidos por el pecado, que eso les acerca más a la iglesia, a la salvación y probablemente a un horrendo sífilis.
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