Esperen, me equivoco, estaba muy ocupado siendo patético, comiendo, engordando, llorando por las noches (en privado, no olviden que soy católico), viendo películas de Barbra Streisand en compañía de un galón de helado y no teniendo ni el más remoto vestigio de aquello a lo que algunos llaman "vida amosora".
En fin, no contaba nada, por que no había nada que contar; hasta ahora. Una serie de eventos desafortunados, me llevaron a recordar uno de los capítulos más horrendos de la onda jota. Efectivamente, después de un periodo de quiensabecuantos meses, tuve una cita; no fue mala, de hecho considero que fue agradable, inclusive me atrevería a decir que buena.
Resulta, que este homúnculo, tan sagaz, carismático y demás, me agradó, mucho de hecho. Motivo por el cual le invité a salir nuevamente el fin de semana; a lo que me respondió que no, al parecer tenía que ser voluntario en el festival de mi post anterior y por la noche tenía una fiesta o algo así. No hubo más trascendencia al respecto y decidí salir con mi buen amigo "Carlos" (el hombre más guarro, promiscuo, divertido y genial que conozco), me citó a las doce en la calle tercera (nos fuimos en carros distintos por que iría con uno de sus enredos), llegué a las doce y obviamente no había llegado, traté de hablarle de mi móvil y como era de esperarse, no tenía saldo. En medio de la desesperación y ansia de una cheve me bajé del carro, salí del estacionamiento y me dirigía al otso cuando pasó: vi al error de dios con el que había compartido una cita y actual prospecto, agarrado de la mano con otro fulano.
En ese momento, hice lo que todo hombre de buenas costumbres haría: hice un escándalo lleno de lagrimas y reclamos tipo Thalía en María Mercedes cuando arrastra de los pelos a la tal Mística. Jjajajajajaja, solamente bromeo, recuerden que soy católico, simplemente pretendí que no les había visto, permanecí inmutable y seguí caminando.
Lo relevante de esta historia, es que no es la primera vez que me pasa algo así. Resulta que hace tiempo salía con un fulano, al que llamaremos Deste. Las cosas iban bien, aproximadamente unas seis citas o algo así, cuando un sábado le dije que no podría salir con él por que saldría con Carlos, iríamos al bar horrendo, ese de la línea.
Bien, llegamos al bar, todo tan triste como siempre, las mismas jotas, la misma música horrenda y ese ambiente tan folclórico que nos recuerda a aquellas fiestas de quince años donde cierran las calles y reparten tamales. Para mi sorpresa, me encuentro con el Deste, platicamos, nos tomamos un trago y todo tranquilo. Mi amigo aprovechó para meterse a esos cuartos que tanto desprecio y repudio. La noche llegó a su fin, y entré en pánico enviando múltiples mensajes a Carlos, tales como:
"Cosa horrenda, apúrate, ya me quiero ir, se te van a desgarrar las rodillas"
Hasta que obtuve respuesta, decía "te espero afuera": salí y ahí estaba, con el rímel corrido y las medias rotas. Ya nos íbamos, cuando recordé que había dejado mi chamarra en el armario; me devolví, y ahí estaba, el Deste, manoseándose con otro.
Nuevamente, tomé mi abrigo, me encogí de hombres, estoico y hermético, salí (ahora yo con el rímel corrido y las medias rotas), vomité y conduje hasta mi casa.
Triste pero cierto, me ha ocurrido en dos ocasiones: mi actual prospecto se va con otro, con tan sólo unos metros de distancia de mi persona.
Creo que con esta experiencia, Xavier Sainz, ha llegado a la determinación de que ha cumplido con su cuota de citas anuales, y no tiene la necesidad de volver a salir con nadie en al menos quiensabecuantos meses más. La historia de mi vida, y es una lastima, por que ambos me agradaban mucho, qué puedo decir, me gustan los idiotas pretenciosos, irónicos y deshonestos; aunque debo admitir, mejor misántropo y algo decepcionado en citas tempranas, que un futuro cornudo.
En fin, el destino tiene formas tan chistosas de humillarnos; es decir, conjuga infinidad de elementos y circunstancias para que estemos en el momento y lugar precisos, para darnos cuenta de lo idiotas que somos; eso me gano por andar saliendo.
Solamente quiero concluir con dos frases llenas de sabiduría: "al que obra mal, se le pudre el tamal" y "tal vez yo haya sido un hombre más en sus vidas, pero ustedes, son dos hombres menos en la mía".
CON PER!