NAVIDAD!!!!
Así es, el quinto motivo es un festejo. Navidad es el festejo del nacimiento del niño Jesús, que tomó lugar en condiciones adversas y cuyas similitudes con la vida de un homosexual mexicano son extraordinarias.
En primer lugar está el contexto hostil en el cual nació Jesucristo; inclusive antes de saber qué era, ya se perfilaba como víctima de persecución, perspicacias y el odio de una horda de burdos con antorchas, prejuicios y un pésimo sentido de la moda. No obstante, Jesús llegó al mundo, y lo hizo con estilo: un ambiente rústico muy mono, rodeado de regalos y haciendo una entrada muy así. Los elementos anteriores, son exactamente con los que hace una entrada cualquier jota de respetarse: escoge un lugar adecuado, los accesorios acordes, una actitud altiva muy CON PER y termina por patear la puerta, mover con determinación los hombros y ver con desprecio a todos los presentes.
Adicional a las similitudes anteriores, está la cuestión de cómo se fue convirtiendo este suceso en un ritual y tradición, que año con año se fue repitiendo a través de símbolos y representaciones monas; añadiendo colores, luces, brillos y otras cosas suaves, que van desde árbolitos estilo Gaga hasta nacimientos miniatura.
Lo anterior es algo muy común en el comportamiento gay: existe un suceso recurrente en nuestra vida y vamos adicionando cuestiones alrededor del mismo hasta que se convierte en un elaborado ritual. Tomemos unos ejemplos:
- Noche patética en el bar: Vas, te ríes un rato, recuerdas porque no sales más seguido, terminas asqueado de las jotas horrendas, comes tacos, ves porno y te vas a dormir.
- Término de una relación: Sales, te diviertes, llegas al momento ou!! (generalmente es una puesta de cuerno, caes en cuenta de que no sabe leer, es un proxeneta o es parte de un grupo de fans de alguien de la academia), decides quedarte sólo, te deprimes, haces un voto de celibato, juras vengarte y terminas por caer nuevamente en la "Noche Patética en el Bar".
De lo anterior se desprenden una serie de rituales digno de todo homosexual, empezando la nueva ramificación en una de las fases del "término de una relación":
-Te deprimes: Esto consiste en un extraordinario desprecio por tu propio cuerpo, te sientes obeso, feo y mala onda; seguido por una etapa "Rosie O Donnell" en la cual desprecias a todos los hombres y haces una que otra mejora en tu casa; siguiendo por la depresión en sí, donde quieres volver a creer en el amor, decides gustarte a ti mismo y terminas viendo una y otra vez "the mirror has two faces", comiendo helado, tomando vodka y llorando sin parar. Terminas por decidir que para estar bien con otros primero debes estar muy bien contigo, llegas al "voto de celibato".
-Voto de Celibato: Obviamente no piensas cumplirlo, no obstante lo haces. Te niegas el sexo (como si el no negarlo significara que pudieras obtenerlo), aseguras estar en una fase evolutiva superior y terminas viendo porno y satisfaciendo tus bajos instintos a través de aquella habilidad obtenida en la adolescencia. Una vez que te das cuenta de que necesitas sexo, te gustaría tener un novio y ser objeto de bajas pasiones de múltiples hombres, pasas a la siguiente etapa: "juras vengarte"
-Juras Vengarte: de aquel que te humilló, te hizo daño o simplemente aburrió; y cómo lo haces? fácil, te pones bien bueno, te haces malvado y te conviertes en lo que todo hombre desea (si no me creen, pasen a un post que se llama "defying gravity"). Después de darte cuenta de que no es fácil adelgazar y sobre todo cuando no estás dispuesto a vomitar, dejar de comer o hacer ejercicio, y de olvidar el motivo por el cual querías estar mil bueno, simplemente dejas de intentarlo y decides comenzar a salir y conocer nueva gente (pasamos al ritual de "noche patética en el bar").
Obviamente no planeas convertir estas situaciones en rituales y tradiciones, sin embargo, lo haces y caes en el mismo círculo, una y otra vez; asimismo no creo que durante el nacimiento de Jesús dijeran "hey vamos a celebrar esto todos los años, poniendo un pino, gente en miniatura, un hombre barbón y comiendo hasta casi reventar".
Además de las dos razones anteriores, están los elementos homoeróticos de la festividad:
-Santa Claus: un hombre con barba, maduro, cargando una bolsa de juguetes y que viene una vez al año? suena a tres cosas: visita a un bar de osos, un ligue y múltiples daddy issues.
-Árbol y decoración navideña: dejemos de lado la onda fálica; nos encantan las luces y cosas exhuberantes, si no, vean la vestimenta de Bowie y Gaga.
-Regalos: La gente gay aaaaaaaaaaaama ir de compras y recibir regalos.
Y ahí está, la quinta razón por la cual los homosexuales deberían de ser católicos.
Feliz Navidad Jotas!!!!!
sábado, 25 de diciembre de 2010
sábado, 18 de diciembre de 2010
10 Motivos por los cuales los Gay deberían de ser católicos (Cuarto Motivo): La Amargura
The bitch is back! y he vuelto para terminar de develar cada una de las razones por las cuales todas esas jotitas lindas que saltan por las praderas deberían convertirse al catolicismo.
En la entrega del día de hoy, examinamos un elemento fundamental del axioma católico: la amargura. Admitamoslo, el dios católico es por naturaleza amargado; milenios enteros han pasado y diosito sigue molesto porque nos comimos una rica manzana y hablamos con una simpática serpiente.
Durante la edad media, si hacías una pequeña evocación a las fuerzas ocultas, zaz, te quemaban en leña verde; no sin antes torturarte y obligarte confesar que efectivamente eras un hereje y que el fuego purificador del señor salvaría tu alma. Dios está amargado y nosotros también; quien no recuerda con nostalgia y una amargura intensa la primera vez que le pusieron el cuerno en pleno antro, la primera vez que se dieron cuenta de que solamente fungías como "el peor es nada" de alguien, o el siempre clásico momento en la vida de cualquier homosexual en que te das cuenta de que nuestro amor platónico es heterosexual.
La realidad es que todo homosexual mexicano digno de respetarse, sin importar edad, posición económica o cultural, y que ha vivido lo suficiente en el mundo de ambiente, debe estar tan amargado como monja enseñando en instituto católico y que muy en el fondo deseaba ser un sexy azafata que viajaba por el mundo, conocía gente y vivía; y lo anterior, porque al final nuestras vidas terminan en lo mismo: con sobrepeso, manejando una combi del año y en una relación con un hombre ausente, que no te toca y que siempre te vigila.
Considero que si le quitamos al catolicismo la amargura y el rencor, nos quedaríamos en una fiesta donde todos son felices, aplauden y nadie es mejor que su prójimo, sin jerarquías, envidias y problemas; sería como transformar una película de streisand en una de Mandy Moore, una mujer casada por diez años en una porrista putona y popular, un judío pobre en un judío rico, Beth Gibbons en Miley Cirus, Amy Winehouse en Katy Perry y finalmente, un homosexual en un heterosexual enamorado.
DIOS NOS LIBRE!
Afortunadamente, el catolicismo seguirá tan amargado tal cual papel de Diana Bracho en telenovela mexicana, lleno de rencor, celos y amargura, condenará los pecados cometidos durante toda la humanidad en todos y cada uno de sus siguientes, se tomará atribuciones altivas y criticará lo que usas, con quien te acuestas y cuanto dinero percibes y disculpenme, pero esa agenda es exactamente igual a la de una conversación de un joto hecho y derecho.
En la entrega del día de hoy, examinamos un elemento fundamental del axioma católico: la amargura. Admitamoslo, el dios católico es por naturaleza amargado; milenios enteros han pasado y diosito sigue molesto porque nos comimos una rica manzana y hablamos con una simpática serpiente.
Durante la edad media, si hacías una pequeña evocación a las fuerzas ocultas, zaz, te quemaban en leña verde; no sin antes torturarte y obligarte confesar que efectivamente eras un hereje y que el fuego purificador del señor salvaría tu alma. Dios está amargado y nosotros también; quien no recuerda con nostalgia y una amargura intensa la primera vez que le pusieron el cuerno en pleno antro, la primera vez que se dieron cuenta de que solamente fungías como "el peor es nada" de alguien, o el siempre clásico momento en la vida de cualquier homosexual en que te das cuenta de que nuestro amor platónico es heterosexual.
La realidad es que todo homosexual mexicano digno de respetarse, sin importar edad, posición económica o cultural, y que ha vivido lo suficiente en el mundo de ambiente, debe estar tan amargado como monja enseñando en instituto católico y que muy en el fondo deseaba ser un sexy azafata que viajaba por el mundo, conocía gente y vivía; y lo anterior, porque al final nuestras vidas terminan en lo mismo: con sobrepeso, manejando una combi del año y en una relación con un hombre ausente, que no te toca y que siempre te vigila.
Considero que si le quitamos al catolicismo la amargura y el rencor, nos quedaríamos en una fiesta donde todos son felices, aplauden y nadie es mejor que su prójimo, sin jerarquías, envidias y problemas; sería como transformar una película de streisand en una de Mandy Moore, una mujer casada por diez años en una porrista putona y popular, un judío pobre en un judío rico, Beth Gibbons en Miley Cirus, Amy Winehouse en Katy Perry y finalmente, un homosexual en un heterosexual enamorado.
DIOS NOS LIBRE!
Afortunadamente, el catolicismo seguirá tan amargado tal cual papel de Diana Bracho en telenovela mexicana, lleno de rencor, celos y amargura, condenará los pecados cometidos durante toda la humanidad en todos y cada uno de sus siguientes, se tomará atribuciones altivas y criticará lo que usas, con quien te acuestas y cuanto dinero percibes y disculpenme, pero esa agenda es exactamente igual a la de una conversación de un joto hecho y derecho.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)