Después de una extraordinaria cantidad de experimentos sociales (lo que algunos llaman "citas"), incontables horas de investigación antropológica y un intento de vida amorosa que solamente puede ser equiparable a un episodio de SNL, una película del diario de Bridget Jones, una canción de Adele o un concierto de Jenny Rivera, he descubierto el hilo negro de la realidad homosexual: los hombres son estúpidos.
En primera instancia debo confesar que formé parte de la onda progresista que aboga que los homosexuales configuramos los atributos de un hombre bien hombre, la inteligencia emocional de las mujeres y el buen gusto de Carolina Herrera. No obstante, después de recibir un comentario acerca de uno de mis previos post y de una terrible cita, me vi obligado a poner uno de mis discos favoritos de Jewel (en muy vaquera rogona), abrir una cajetilla de cigarros, comprarme un café tamaño venti y encontrar una respuesta definitiva a mi fatídico destino con los hombres.
Así, fue justamente a mitad de la canción de "Last Dance Rodeo" (en calidad de ama de casa texana dejada) que me he dado cuenta de algo que hoy parece algo tan obvio (y no, no me refiero a las jotas quebradas): los hombres homosexuales, siguen siendo hombres.
Sí, lo he dicho, al igual que los heterosexuales tenemos limitaciones: pensamos en línea, no pedimos direcciones y de vez en cuando no combinamos adecuadamente los calcetines; pero sobre todo carecemos de esa habilidad casi intuitiva de las mujeres para leer entre líneas e interpretar las cosas que subyacen más allá de las simples palabras y acciones.
Un ejemplo claro puede ser mi post inmediato anterior, en el cual señalé algunas de las herramientas para combatir a "ese" ex que se convirtió en tóxico y que siempre formará parte de nosotros, lo que a mi muy particular ver se debería interpretar como un verdadero hálago para todo hombre que se ha consolidado como ese ex de alguien, dado que la subyacente idea del post es que sin importar qué hagas al respecto, con cuántos hombres tengas sexo o qué tanto trates de separar tus sentimientos amistosos de los íntimos, siempre, siempre amarás a ese, de manera profunda, dolorosa e innegable. ¿Y qué es lo que pasó? pues no faltó el baboso que me acusó de insensible, falso y frío, cuando no hice más que exponer un sentimiento de profunda vulnerabilidad.
Lo que trato de decir es que como hombres tendemos a emular al gato hambriento que tiene un pedazo de carne frente a él pero que está muy ocupado siguiendo la lucecita de laser que se mueve sin control: como hombre no vemos más allá.
Y sí, indignado por haber sido abofeteado como prostituta sin chulo por mi arrogancia y la estupidez ajena, combatí todos y cada una de las neuronas de buen juicio en mi comprimido cerebro de hombre, después de mucho tiempo, accedí a ir a una cita.
Los detalles de la cita salen sobrando, solamente diré como terminó: por azares del destino el fulanito mencionó su "panza" y yo le dije tú ni panza tienes, a lo que me replicó si le hecharas (ajá, pronunció "echaras" con mala ortografía) ganas podrías ser como yo. Ohhhh sí, me dijo gordo y se jactó de superioridad basada en un abdomen. Terminé caminando por diez minutos a mi carro, en sábado por la noche y por la calle sexta de la hermosa ciudad de Tijuana, sintiéndome obeso, insultado, humillado, molesto y sobre todo con un gran cuestionamiento que se había convertido en mi estigma ¿qué diablos les pasa a los gay?
Hoy, después de mucho comer, meditar y fumar, he llegado a la conclusión de que los Gay, no dejan de ser hombres y por lo tanto no saben ver lo que verdaderamente importa, leer entre líneas o por lo menos medir el alcance de sus palabras, debería de volverme hetero, al menos podría escoger coquetos atuendos para mis novias.
domingo, 13 de mayo de 2012
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O tal vez la gente en general es estúpida y cruel (somos).
ResponderEliminarPues yo pienso que eres perfecto y es bueno saber que existe gente como tu
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