NAVIDAD!!!!
Así es, el quinto motivo es un festejo. Navidad es el festejo del nacimiento del niño Jesús, que tomó lugar en condiciones adversas y cuyas similitudes con la vida de un homosexual mexicano son extraordinarias.
En primer lugar está el contexto hostil en el cual nació Jesucristo; inclusive antes de saber qué era, ya se perfilaba como víctima de persecución, perspicacias y el odio de una horda de burdos con antorchas, prejuicios y un pésimo sentido de la moda. No obstante, Jesús llegó al mundo, y lo hizo con estilo: un ambiente rústico muy mono, rodeado de regalos y haciendo una entrada muy así. Los elementos anteriores, son exactamente con los que hace una entrada cualquier jota de respetarse: escoge un lugar adecuado, los accesorios acordes, una actitud altiva muy CON PER y termina por patear la puerta, mover con determinación los hombros y ver con desprecio a todos los presentes.
Adicional a las similitudes anteriores, está la cuestión de cómo se fue convirtiendo este suceso en un ritual y tradición, que año con año se fue repitiendo a través de símbolos y representaciones monas; añadiendo colores, luces, brillos y otras cosas suaves, que van desde árbolitos estilo Gaga hasta nacimientos miniatura.
Lo anterior es algo muy común en el comportamiento gay: existe un suceso recurrente en nuestra vida y vamos adicionando cuestiones alrededor del mismo hasta que se convierte en un elaborado ritual. Tomemos unos ejemplos:
- Noche patética en el bar: Vas, te ríes un rato, recuerdas porque no sales más seguido, terminas asqueado de las jotas horrendas, comes tacos, ves porno y te vas a dormir.
- Término de una relación: Sales, te diviertes, llegas al momento ou!! (generalmente es una puesta de cuerno, caes en cuenta de que no sabe leer, es un proxeneta o es parte de un grupo de fans de alguien de la academia), decides quedarte sólo, te deprimes, haces un voto de celibato, juras vengarte y terminas por caer nuevamente en la "Noche Patética en el Bar".
De lo anterior se desprenden una serie de rituales digno de todo homosexual, empezando la nueva ramificación en una de las fases del "término de una relación":
-Te deprimes: Esto consiste en un extraordinario desprecio por tu propio cuerpo, te sientes obeso, feo y mala onda; seguido por una etapa "Rosie O Donnell" en la cual desprecias a todos los hombres y haces una que otra mejora en tu casa; siguiendo por la depresión en sí, donde quieres volver a creer en el amor, decides gustarte a ti mismo y terminas viendo una y otra vez "the mirror has two faces", comiendo helado, tomando vodka y llorando sin parar. Terminas por decidir que para estar bien con otros primero debes estar muy bien contigo, llegas al "voto de celibato".
-Voto de Celibato: Obviamente no piensas cumplirlo, no obstante lo haces. Te niegas el sexo (como si el no negarlo significara que pudieras obtenerlo), aseguras estar en una fase evolutiva superior y terminas viendo porno y satisfaciendo tus bajos instintos a través de aquella habilidad obtenida en la adolescencia. Una vez que te das cuenta de que necesitas sexo, te gustaría tener un novio y ser objeto de bajas pasiones de múltiples hombres, pasas a la siguiente etapa: "juras vengarte"
-Juras Vengarte: de aquel que te humilló, te hizo daño o simplemente aburrió; y cómo lo haces? fácil, te pones bien bueno, te haces malvado y te conviertes en lo que todo hombre desea (si no me creen, pasen a un post que se llama "defying gravity"). Después de darte cuenta de que no es fácil adelgazar y sobre todo cuando no estás dispuesto a vomitar, dejar de comer o hacer ejercicio, y de olvidar el motivo por el cual querías estar mil bueno, simplemente dejas de intentarlo y decides comenzar a salir y conocer nueva gente (pasamos al ritual de "noche patética en el bar").
Obviamente no planeas convertir estas situaciones en rituales y tradiciones, sin embargo, lo haces y caes en el mismo círculo, una y otra vez; asimismo no creo que durante el nacimiento de Jesús dijeran "hey vamos a celebrar esto todos los años, poniendo un pino, gente en miniatura, un hombre barbón y comiendo hasta casi reventar".
Además de las dos razones anteriores, están los elementos homoeróticos de la festividad:
-Santa Claus: un hombre con barba, maduro, cargando una bolsa de juguetes y que viene una vez al año? suena a tres cosas: visita a un bar de osos, un ligue y múltiples daddy issues.
-Árbol y decoración navideña: dejemos de lado la onda fálica; nos encantan las luces y cosas exhuberantes, si no, vean la vestimenta de Bowie y Gaga.
-Regalos: La gente gay aaaaaaaaaaaama ir de compras y recibir regalos.
Y ahí está, la quinta razón por la cual los homosexuales deberían de ser católicos.
Feliz Navidad Jotas!!!!!
sábado, 25 de diciembre de 2010
sábado, 18 de diciembre de 2010
10 Motivos por los cuales los Gay deberían de ser católicos (Cuarto Motivo): La Amargura
The bitch is back! y he vuelto para terminar de develar cada una de las razones por las cuales todas esas jotitas lindas que saltan por las praderas deberían convertirse al catolicismo.
En la entrega del día de hoy, examinamos un elemento fundamental del axioma católico: la amargura. Admitamoslo, el dios católico es por naturaleza amargado; milenios enteros han pasado y diosito sigue molesto porque nos comimos una rica manzana y hablamos con una simpática serpiente.
Durante la edad media, si hacías una pequeña evocación a las fuerzas ocultas, zaz, te quemaban en leña verde; no sin antes torturarte y obligarte confesar que efectivamente eras un hereje y que el fuego purificador del señor salvaría tu alma. Dios está amargado y nosotros también; quien no recuerda con nostalgia y una amargura intensa la primera vez que le pusieron el cuerno en pleno antro, la primera vez que se dieron cuenta de que solamente fungías como "el peor es nada" de alguien, o el siempre clásico momento en la vida de cualquier homosexual en que te das cuenta de que nuestro amor platónico es heterosexual.
La realidad es que todo homosexual mexicano digno de respetarse, sin importar edad, posición económica o cultural, y que ha vivido lo suficiente en el mundo de ambiente, debe estar tan amargado como monja enseñando en instituto católico y que muy en el fondo deseaba ser un sexy azafata que viajaba por el mundo, conocía gente y vivía; y lo anterior, porque al final nuestras vidas terminan en lo mismo: con sobrepeso, manejando una combi del año y en una relación con un hombre ausente, que no te toca y que siempre te vigila.
Considero que si le quitamos al catolicismo la amargura y el rencor, nos quedaríamos en una fiesta donde todos son felices, aplauden y nadie es mejor que su prójimo, sin jerarquías, envidias y problemas; sería como transformar una película de streisand en una de Mandy Moore, una mujer casada por diez años en una porrista putona y popular, un judío pobre en un judío rico, Beth Gibbons en Miley Cirus, Amy Winehouse en Katy Perry y finalmente, un homosexual en un heterosexual enamorado.
DIOS NOS LIBRE!
Afortunadamente, el catolicismo seguirá tan amargado tal cual papel de Diana Bracho en telenovela mexicana, lleno de rencor, celos y amargura, condenará los pecados cometidos durante toda la humanidad en todos y cada uno de sus siguientes, se tomará atribuciones altivas y criticará lo que usas, con quien te acuestas y cuanto dinero percibes y disculpenme, pero esa agenda es exactamente igual a la de una conversación de un joto hecho y derecho.
En la entrega del día de hoy, examinamos un elemento fundamental del axioma católico: la amargura. Admitamoslo, el dios católico es por naturaleza amargado; milenios enteros han pasado y diosito sigue molesto porque nos comimos una rica manzana y hablamos con una simpática serpiente.
Durante la edad media, si hacías una pequeña evocación a las fuerzas ocultas, zaz, te quemaban en leña verde; no sin antes torturarte y obligarte confesar que efectivamente eras un hereje y que el fuego purificador del señor salvaría tu alma. Dios está amargado y nosotros también; quien no recuerda con nostalgia y una amargura intensa la primera vez que le pusieron el cuerno en pleno antro, la primera vez que se dieron cuenta de que solamente fungías como "el peor es nada" de alguien, o el siempre clásico momento en la vida de cualquier homosexual en que te das cuenta de que nuestro amor platónico es heterosexual.
La realidad es que todo homosexual mexicano digno de respetarse, sin importar edad, posición económica o cultural, y que ha vivido lo suficiente en el mundo de ambiente, debe estar tan amargado como monja enseñando en instituto católico y que muy en el fondo deseaba ser un sexy azafata que viajaba por el mundo, conocía gente y vivía; y lo anterior, porque al final nuestras vidas terminan en lo mismo: con sobrepeso, manejando una combi del año y en una relación con un hombre ausente, que no te toca y que siempre te vigila.
Considero que si le quitamos al catolicismo la amargura y el rencor, nos quedaríamos en una fiesta donde todos son felices, aplauden y nadie es mejor que su prójimo, sin jerarquías, envidias y problemas; sería como transformar una película de streisand en una de Mandy Moore, una mujer casada por diez años en una porrista putona y popular, un judío pobre en un judío rico, Beth Gibbons en Miley Cirus, Amy Winehouse en Katy Perry y finalmente, un homosexual en un heterosexual enamorado.
DIOS NOS LIBRE!
Afortunadamente, el catolicismo seguirá tan amargado tal cual papel de Diana Bracho en telenovela mexicana, lleno de rencor, celos y amargura, condenará los pecados cometidos durante toda la humanidad en todos y cada uno de sus siguientes, se tomará atribuciones altivas y criticará lo que usas, con quien te acuestas y cuanto dinero percibes y disculpenme, pero esa agenda es exactamente igual a la de una conversación de un joto hecho y derecho.
lunes, 21 de junio de 2010
La historia de mi vida
Pues le daré un descanso a la onda de la blasfemia para escribir de la mera mata, me refiero a mi siempre patética/triste/deplorable vida amorosa (o más bien intento de). Hace tiempo que no escribo al respecto, principalmente por el hecho de que he estado muy ocupado saliendo con múltiples hombres y mujeres, teniendo sexo candente 7 días a la semana y expandiendo mi círculo de amistades con interesantes nuevos agregados.
Esperen, me equivoco, estaba muy ocupado siendo patético, comiendo, engordando, llorando por las noches (en privado, no olviden que soy católico), viendo películas de Barbra Streisand en compañía de un galón de helado y no teniendo ni el más remoto vestigio de aquello a lo que algunos llaman "vida amosora".
En fin, no contaba nada, por que no había nada que contar; hasta ahora. Una serie de eventos desafortunados, me llevaron a recordar uno de los capítulos más horrendos de la onda jota. Efectivamente, después de un periodo de quiensabecuantos meses, tuve una cita; no fue mala, de hecho considero que fue agradable, inclusive me atrevería a decir que buena.
Resulta, que este homúnculo, tan sagaz, carismático y demás, me agradó, mucho de hecho. Motivo por el cual le invité a salir nuevamente el fin de semana; a lo que me respondió que no, al parecer tenía que ser voluntario en el festival de mi post anterior y por la noche tenía una fiesta o algo así. No hubo más trascendencia al respecto y decidí salir con mi buen amigo "Carlos" (el hombre más guarro, promiscuo, divertido y genial que conozco), me citó a las doce en la calle tercera (nos fuimos en carros distintos por que iría con uno de sus enredos), llegué a las doce y obviamente no había llegado, traté de hablarle de mi móvil y como era de esperarse, no tenía saldo. En medio de la desesperación y ansia de una cheve me bajé del carro, salí del estacionamiento y me dirigía al otso cuando pasó: vi al error de dios con el que había compartido una cita y actual prospecto, agarrado de la mano con otro fulano.
En ese momento, hice lo que todo hombre de buenas costumbres haría: hice un escándalo lleno de lagrimas y reclamos tipo Thalía en María Mercedes cuando arrastra de los pelos a la tal Mística. Jjajajajajaja, solamente bromeo, recuerden que soy católico, simplemente pretendí que no les había visto, permanecí inmutable y seguí caminando.
Lo relevante de esta historia, es que no es la primera vez que me pasa algo así. Resulta que hace tiempo salía con un fulano, al que llamaremos Deste. Las cosas iban bien, aproximadamente unas seis citas o algo así, cuando un sábado le dije que no podría salir con él por que saldría con Carlos, iríamos al bar horrendo, ese de la línea.
Bien, llegamos al bar, todo tan triste como siempre, las mismas jotas, la misma música horrenda y ese ambiente tan folclórico que nos recuerda a aquellas fiestas de quince años donde cierran las calles y reparten tamales. Para mi sorpresa, me encuentro con el Deste, platicamos, nos tomamos un trago y todo tranquilo. Mi amigo aprovechó para meterse a esos cuartos que tanto desprecio y repudio. La noche llegó a su fin, y entré en pánico enviando múltiples mensajes a Carlos, tales como:
"Cosa horrenda, apúrate, ya me quiero ir, se te van a desgarrar las rodillas"
Hasta que obtuve respuesta, decía "te espero afuera": salí y ahí estaba, con el rímel corrido y las medias rotas. Ya nos íbamos, cuando recordé que había dejado mi chamarra en el armario; me devolví, y ahí estaba, el Deste, manoseándose con otro.
Nuevamente, tomé mi abrigo, me encogí de hombres, estoico y hermético, salí (ahora yo con el rímel corrido y las medias rotas), vomité y conduje hasta mi casa.
Triste pero cierto, me ha ocurrido en dos ocasiones: mi actual prospecto se va con otro, con tan sólo unos metros de distancia de mi persona.
Creo que con esta experiencia, Xavier Sainz, ha llegado a la determinación de que ha cumplido con su cuota de citas anuales, y no tiene la necesidad de volver a salir con nadie en al menos quiensabecuantos meses más. La historia de mi vida, y es una lastima, por que ambos me agradaban mucho, qué puedo decir, me gustan los idiotas pretenciosos, irónicos y deshonestos; aunque debo admitir, mejor misántropo y algo decepcionado en citas tempranas, que un futuro cornudo.
En fin, el destino tiene formas tan chistosas de humillarnos; es decir, conjuga infinidad de elementos y circunstancias para que estemos en el momento y lugar precisos, para darnos cuenta de lo idiotas que somos; eso me gano por andar saliendo.
Solamente quiero concluir con dos frases llenas de sabiduría: "al que obra mal, se le pudre el tamal" y "tal vez yo haya sido un hombre más en sus vidas, pero ustedes, son dos hombres menos en la mía".
CON PER!
Festival LGBT Tijuana
Pues sí, Tijuana tuvo su primer y gran Festival LGBT. Me enteré por fuentes alternas y entre tanto bullicio, decidí que no dejaría que me contaran; así que me puse mi camiseta gay (sí, tengo una camiseta gay, tiene estampados de Mickey Mouse, cuello redondo y es algo ajustada), unos pantalones semi-emos, el corset, actualice mi ipod con música Cabaretera y emprendí el viaje con expectativas bajas, ánimo neutro y harto sarcasmo.
En primera instancia, me encontré a amigos y conocidos, lo cual siempre es agradable; no obstante, el festival en sí, fue deplorable, notablemente improvisado, falto de organización y, desde mi perspectiva, un intento fallido para lograr el ambicioso objetivo propuesto. Lo cual me lleva a hablar del objetivo como tal, que en palabras de un voluntario del festival es "la inclusión". Considero que si bien la inclusión responde a la incesante necesidad de ser aceptados y sentir que formamos parte de algo, dicha inclusión debe ser un esfuerzo sostenido a través de la cultura, el arte y una notoria participación en el haber cotidiano del escenario tijuanense. Es justamente en ese momento donde nace mi conflicto personal, si se trataba de un festival de cultura homosexual, se debió haber tratado de compartir esos rasgos que nos caracterizan como grupo, siendo inclusivos, en un ambiente artístico y que pudiese atraer a todo elemento de la sociedad; en vez de reducirse a un montón de estantes con condones, lubricantes y folletos de salud sexual y derechos humanos (siendo esta última parte, a mi parecer, lo de mayor relevancia) y el sonar de música que lo único que hacia era arraigar estereotipos acerca del estrato homosexual tijuanero (tenían a Gloria Trevi, mala onda, a todo volumen).
Algunas eventos tuvieron contenido, y definitivamente existieron elementos muy rescatables dentro del festival; a pesar de mis múltiples críticas y demás comentarios sarcásticos, tengo la firme convicción de que el simple hecho de haber llevado a cabo un "festival" de esta naturaleza, es de gran avance y probablemente sea un paso a una solidaridad orgánica dentro un ámbito social como el de la linda y siempre apacible Tijuana.
Creo que solamente me queda esperar al próximo año, esperar lo mejor y prepararme para lo peor; y espero, fervientemente, que la siguiente ocasión no pongan esa música jota mala onda.
lunes, 3 de mayo de 2010
10 Motivos por los cuales los gay deben ser católicos (Segunda Razón)
Probablemente esta sea la entrega más llena de blasfemia de toda la serie; no obstante, creo justo y necesario llevar mi cruzada de evangelización "jotal" al siguiente nivel, y para hacerlo es necesario que vaya directamente a la figura central, tanto de la religión como del "jotismo" como tal: diosito y el hombre perfecto.
Como toda buena jota horrenda de la creación, todos soñamos con "ese" hombre ideal que llene completamente nuestras expectativas, y que son nuestras expectativas sino el vano reflejo de nuestras personalidades egolatras, sádicas y masoquistas, convirtiéndonos en meras paradojas con pies.
Y es precisamente ahí, donde radica la genialidad y el axioma que convierte al catolicismo en la religión por excelencia para toda pastora bicentenaria: dios es el hombre perfecto.
¿Qué es lo que queremos en un hombre? fácil y rápido: alguien varonil, sensible e inteligente; alguien que platique con nosotros del mago de oz, escuche jazz y que se sienta identificado con la sensibilidad, amargura e infinita capacidad de seducción de Rebeca Buendía. Pero eso no es todo, también queremos alguien que sea completamente varonil, nos jale el cabello, nos meta unas cachetadas, nos mande a callar y de paso que sea fiel, divertido y celoso.
La realidad es que es una contradicción completa y que no se puede ser alacrán y tener alas, o en este caso ser un mujercito lindo, amable y de buenos sentimientos y a la vez ser un leñador, mécanico grasiento y amante de tool.
Pues tengo noticias, el hombre perfecto sí existe: es el mismísimo diosito. Dios, está lleno de amor, misercordia y nos acepta tal como somos, su más grande y sublime creación y trabajo de vida; pero también es vengativo, capaz de quemar ciudades de jotos en su totalidad , inundar la tierra (pero no sin antes proporcionar una barquita muy mona), sacrificar a su hijo, ser el objeto de la guerra más grande de la historia de la humanidad y de paso brindarnos el más grande regalo: libre albedrío, pero cuidado con usarlo.
En este sentido, dios es el novio que nos trata bien, nos llena de felicidad y nos hace sentir vivos a través de la desgracia, el sufrimiento, la indiferencia y el látigo del desprecio; dios es el novio que nos pega por que nos quiere, nos cela, grita y humilla en público, solamente para terminar por besarnos tiernamente y elevarnos al cielo. Dios es el novio que nos engaña, nos hace sentir pena de nuestra realidad y nos enseña que se debe de llorar solamente en privado, en la ducha y preferiblemente de noche para terminar por conciliar en paz el sueño más profundo.
El dios católico es una contradicción, que solamente puede ser comparada con una relación estable de dos maricóncitos, que no saben lo que quieren, sufren, lloran y viven inmersos en un mar de profundo drama.
Y por si no fuera poco, nos llenó de fabulosas historias de pasión, protagonizadas por hombres bien hombres, que usan vestidos, besan y duermen desnudos con otros hombres; donde las mujeres son o vírgenes y castas o bien putas y repudiadas.
¿Quién dudaría en ser jotito, al cobijarse en tan súblime dios y religión?
Como toda buena jota horrenda de la creación, todos soñamos con "ese" hombre ideal que llene completamente nuestras expectativas, y que son nuestras expectativas sino el vano reflejo de nuestras personalidades egolatras, sádicas y masoquistas, convirtiéndonos en meras paradojas con pies.
Y es precisamente ahí, donde radica la genialidad y el axioma que convierte al catolicismo en la religión por excelencia para toda pastora bicentenaria: dios es el hombre perfecto.
¿Qué es lo que queremos en un hombre? fácil y rápido: alguien varonil, sensible e inteligente; alguien que platique con nosotros del mago de oz, escuche jazz y que se sienta identificado con la sensibilidad, amargura e infinita capacidad de seducción de Rebeca Buendía. Pero eso no es todo, también queremos alguien que sea completamente varonil, nos jale el cabello, nos meta unas cachetadas, nos mande a callar y de paso que sea fiel, divertido y celoso.
La realidad es que es una contradicción completa y que no se puede ser alacrán y tener alas, o en este caso ser un mujercito lindo, amable y de buenos sentimientos y a la vez ser un leñador, mécanico grasiento y amante de tool.
Pues tengo noticias, el hombre perfecto sí existe: es el mismísimo diosito. Dios, está lleno de amor, misercordia y nos acepta tal como somos, su más grande y sublime creación y trabajo de vida; pero también es vengativo, capaz de quemar ciudades de jotos en su totalidad , inundar la tierra (pero no sin antes proporcionar una barquita muy mona), sacrificar a su hijo, ser el objeto de la guerra más grande de la historia de la humanidad y de paso brindarnos el más grande regalo: libre albedrío, pero cuidado con usarlo.
En este sentido, dios es el novio que nos trata bien, nos llena de felicidad y nos hace sentir vivos a través de la desgracia, el sufrimiento, la indiferencia y el látigo del desprecio; dios es el novio que nos pega por que nos quiere, nos cela, grita y humilla en público, solamente para terminar por besarnos tiernamente y elevarnos al cielo. Dios es el novio que nos engaña, nos hace sentir pena de nuestra realidad y nos enseña que se debe de llorar solamente en privado, en la ducha y preferiblemente de noche para terminar por conciliar en paz el sueño más profundo.
El dios católico es una contradicción, que solamente puede ser comparada con una relación estable de dos maricóncitos, que no saben lo que quieren, sufren, lloran y viven inmersos en un mar de profundo drama.
Y por si no fuera poco, nos llenó de fabulosas historias de pasión, protagonizadas por hombres bien hombres, que usan vestidos, besan y duermen desnudos con otros hombres; donde las mujeres son o vírgenes y castas o bien putas y repudiadas.
¿Quién dudaría en ser jotito, al cobijarse en tan súblime dios y religión?
sábado, 1 de mayo de 2010
10 Motivos por los cuales los gay deben ser católicos (Tercera Razón)
Tarde pero seguro. En las entregas anteriores develamos las dos primeras razones por las cuales todas las jotas debeberían ser católicos. He aquí el tercer motivo: el gusto por el pecado.
Simplemente lo diré: nadie como un error del mismo dios para pecar, de hecho somos los pecadores por excelencia. E irónicamente, ello nos eleva a la categoría de excelentes católicos, por que es premisa del catolicismo el reconocernos como pecadores, y no importa, siempre y cuando te arrepientas y se lo confieses a un hombre en vestido; en un ambiente lleno de olores interesantes, humo (incienso, mirra y demás), con ostentosa decoración e inclusive uno que otro hombre en escasa ropa pintado en las paredes.
Por más que la descripción anterior les recuerde a ese horrendo bar llamado fusión, en medio del show, con pleno trasvesti interpretando a Amanda Miguel o cualquier otro adefesio ochentero y emulando algo parecido al legendario "apagón"; no, no me refiero al fusión, una fiesta transgénero o cualquier otro lugar de pastoras bicentenarias; me refiero a la Iglesia (ya sé, las similitudes son maravillosas).
Al parecer, los católicos han desarrollado un sistema moral futurista que se basa en hacer lo que quieras, y me refiero a lo que quieras: tener sexo con hombres, matar, jurar en vano, orinar a la gente e inclusive escuchar los grandes éxitos de timbiriche, usar mallas estampadas, llenarte el pelo de aqua net y encima de todo usar donitas noventeras en la cabeza; y no sufrir ningún tipo de consecuencia realista, siempre y cuando te arrepientas de "corazón".
Lo anterior no suena lógico, pero es en realidad la única solución a una infraestructura donde todo es pecado, y me refiero a todo, inclusive pensar (de hecho es como que de las peores ofensas y dios sabe que nos arrepentimos profundamente de pensar). Es parte de esa dualidad (o bipolaridad) de dios (la que describí en la entrega pasada) que permite las más horrendas atrocidades y perdona, pero que igualmente condena casi todo lo que hacemos. ¿Cúal es la solución? rápido y sencillo: corre a tu iglesia más cercana, ponte de rodillas tal cual estuvieras ebrio y en necesidad de afecto, y pide perdón al puerco sobrealimentado sin mérito, talento y si quiera calidad humana. Te aseguro que sentirás que te quitas un peso de encima (probablemente la limosna con que te vacunen antes de salir) y caminarás libre de pecado, por lo menos algunos minutos.
En términos generales, puedes pecar cuanto quieras y lo único que tienes que hacer arrodillarte un ratito (probablemente eso fue el motivo que te llevó a pecar en primer lugar) y recitar unos bonitos versos (digo, si te la pasas cantando los grandes éxitos de Cher todo el santo día, que más da recitar los de chuyito, su padre y el tío incomodo).
Entonces vayan mis jotas horrendas, sean consumidos por el pecado, que eso les acerca más a la iglesia, a la salvación y probablemente a un horrendo sífilis.
Simplemente lo diré: nadie como un error del mismo dios para pecar, de hecho somos los pecadores por excelencia. E irónicamente, ello nos eleva a la categoría de excelentes católicos, por que es premisa del catolicismo el reconocernos como pecadores, y no importa, siempre y cuando te arrepientas y se lo confieses a un hombre en vestido; en un ambiente lleno de olores interesantes, humo (incienso, mirra y demás), con ostentosa decoración e inclusive uno que otro hombre en escasa ropa pintado en las paredes.
Por más que la descripción anterior les recuerde a ese horrendo bar llamado fusión, en medio del show, con pleno trasvesti interpretando a Amanda Miguel o cualquier otro adefesio ochentero y emulando algo parecido al legendario "apagón"; no, no me refiero al fusión, una fiesta transgénero o cualquier otro lugar de pastoras bicentenarias; me refiero a la Iglesia (ya sé, las similitudes son maravillosas).
Al parecer, los católicos han desarrollado un sistema moral futurista que se basa en hacer lo que quieras, y me refiero a lo que quieras: tener sexo con hombres, matar, jurar en vano, orinar a la gente e inclusive escuchar los grandes éxitos de timbiriche, usar mallas estampadas, llenarte el pelo de aqua net y encima de todo usar donitas noventeras en la cabeza; y no sufrir ningún tipo de consecuencia realista, siempre y cuando te arrepientas de "corazón".
Lo anterior no suena lógico, pero es en realidad la única solución a una infraestructura donde todo es pecado, y me refiero a todo, inclusive pensar (de hecho es como que de las peores ofensas y dios sabe que nos arrepentimos profundamente de pensar). Es parte de esa dualidad (o bipolaridad) de dios (la que describí en la entrega pasada) que permite las más horrendas atrocidades y perdona, pero que igualmente condena casi todo lo que hacemos. ¿Cúal es la solución? rápido y sencillo: corre a tu iglesia más cercana, ponte de rodillas tal cual estuvieras ebrio y en necesidad de afecto, y pide perdón al puerco sobrealimentado sin mérito, talento y si quiera calidad humana. Te aseguro que sentirás que te quitas un peso de encima (probablemente la limosna con que te vacunen antes de salir) y caminarás libre de pecado, por lo menos algunos minutos.
En términos generales, puedes pecar cuanto quieras y lo único que tienes que hacer arrodillarte un ratito (probablemente eso fue el motivo que te llevó a pecar en primer lugar) y recitar unos bonitos versos (digo, si te la pasas cantando los grandes éxitos de Cher todo el santo día, que más da recitar los de chuyito, su padre y el tío incomodo).
Entonces vayan mis jotas horrendas, sean consumidos por el pecado, que eso les acerca más a la iglesia, a la salvación y probablemente a un horrendo sífilis.
sábado, 13 de marzo de 2010
10 Motivos por los cuales los gay deben ser católicos.
Algo que deben saber acerca de mí, es que amo y vivo fascinado por la teología; no obstante, hay cosas aún mejores, como por ejemplo, la blasfemia. Como todo buen mexicano, crecí rodeado de ese catolicismo lleno de culpa, desobligado y colmado de deliciosos rituales, lo que al día de hoy me ha dado la posibilidad de conjeturar diversas facetas homosexuales de la realidad mexicana con los aspectos más relevantes del catolicismo, terminando así por convencerme y consecuentemente, por abogar por la firme de convicción de que todo homosexual mexicano debe ser católico. He aquí los diez motivos por los cuales te invito a ti, mi amiga jota horrenda a que te conviertas al catolicismo.
1.- Judas y la Culpa. El catolicismo se basa en la culpa: al nacer ya estás lleno de ella, porque al parecer un dude y una fulana se comieron una manzana hace mucho tiempo. La biblia está llena de picosas historias de traición y culpa, donde el común denominador es un extraordinario sentido de la culpa y la teatralidad, un ejemplo claro: la traición de Judas.
Existía este dude llamado Judas que al parecer tenía un gran maestro y todo era buena onda. Sin embargo, el destino estaba escrito y era necesario, para engrandecer la existencia del señor, nuestro Judas debía traicionar a Jesús (y se lo echó en cara antes); entonces el pobre hombre, cargando con el peso de la leyenda por nacer y la presión de los judíos y una ayuda financiera coquetona, terminó por entregar a su maestro con un beso muy mono, trayendo consigo el asunto de la crucificada y demás.
Analicemos un poco el relato hasta este momento, el hombre sabía qué iba pasar, no era tonto, de hecho era de los más chidos de la pandilla de cristo y a pesar de todo, en aras de contribuir con el engrandecimiento del martir, fue y entregó a Chuyito, a sabiendas de que se convertiría en el traidor por excelencia durante toda la existencia de la humanidad. En pocas palabras, por el bien de la religión y el mito, el destino de este hombre era el de ser villano y de paso comprometer todo tipo de sanidad mental con la antesala de entregar a Cristo y la posterior estigmatización (LOL, metáforicamente); no suficiente con destinarlo a una vida mala onda con ese fatídico porvenir (eso del libre albedrío no funciona acá, pues el creador había estupilado que fuera de esa manera), se escribiría que se sintiera tan CULPABLE que se terminara suicidando, impiendo bajo cualquier circunstancia que éste fuera al cielo.
Hay tres cosas que debemos resaltar de esta lección: el maravilloso sentido de la tragedia, la teatralidad y el horrendo destino de las jotas. En este sentido, todas las jotas somos como Judas, nacemos como tal y ya somos errores de dios (somos creación de, le guste a quien le guste); y no podemos hacer nada de nada para remediarlo y si fuera poco, nuestra existencia está llena de drama, exageraciones teatrales dignas de Silvia Pinal, el gusto por besar a otros hombres y el sentimiento extraordinario de culpa que siempre termina en una tragicomedia digna de la edad media.
Continuará...
Existía este dude llamado Judas que al parecer tenía un gran maestro y todo era buena onda. Sin embargo, el destino estaba escrito y era necesario, para engrandecer la existencia del señor, nuestro Judas debía traicionar a Jesús (y se lo echó en cara antes); entonces el pobre hombre, cargando con el peso de la leyenda por nacer y la presión de los judíos y una ayuda financiera coquetona, terminó por entregar a su maestro con un beso muy mono, trayendo consigo el asunto de la crucificada y demás.
Analicemos un poco el relato hasta este momento, el hombre sabía qué iba pasar, no era tonto, de hecho era de los más chidos de la pandilla de cristo y a pesar de todo, en aras de contribuir con el engrandecimiento del martir, fue y entregó a Chuyito, a sabiendas de que se convertiría en el traidor por excelencia durante toda la existencia de la humanidad. En pocas palabras, por el bien de la religión y el mito, el destino de este hombre era el de ser villano y de paso comprometer todo tipo de sanidad mental con la antesala de entregar a Cristo y la posterior estigmatización (LOL, metáforicamente); no suficiente con destinarlo a una vida mala onda con ese fatídico porvenir (eso del libre albedrío no funciona acá, pues el creador había estupilado que fuera de esa manera), se escribiría que se sintiera tan CULPABLE que se terminara suicidando, impiendo bajo cualquier circunstancia que éste fuera al cielo.
Hay tres cosas que debemos resaltar de esta lección: el maravilloso sentido de la tragedia, la teatralidad y el horrendo destino de las jotas. En este sentido, todas las jotas somos como Judas, nacemos como tal y ya somos errores de dios (somos creación de, le guste a quien le guste); y no podemos hacer nada de nada para remediarlo y si fuera poco, nuestra existencia está llena de drama, exageraciones teatrales dignas de Silvia Pinal, el gusto por besar a otros hombres y el sentimiento extraordinario de culpa que siempre termina en una tragicomedia digna de la edad media.
Continuará...
lunes, 4 de enero de 2010
Such a drama queen!
Todos sabemos que un talento inherente a toda jota existente en este mundo es el drama; y digo que es talento pues no existe un calificativo que se apegue más a algo tan creativo como esos episodios de jota dolida en los que el común denominador son expresiones como:
-Siento que se me va la vida!!!
- Le di todo y me quedé sin nada!!!!!
Y así sucesivamente.
Personalmente jamás he entendido, sin embargo gracias extraordinarias capacidades analíticas he logrado delinear ciertas características subyacentes a todo episodio de joto ardido:
1.- No escuchan: si en medio de un "dios, se me desgarra el pecho, siento que me muero", oportunamente intervienes con algo como "tal vez estás teniendo un infarto o una apoplejía", es casi seguro que la jota ignore por completo tu comentario.
2.- No perciben sarcamo. Supongamos que viene un contacto del msn con el cual hablas esporadícamente y que solamente conservas en msn por que pereza y te dice: "Me siento a morir, hablé con mi ex" y tu respondes "¿en serio? cuentame todo, soy la doctora corazón y estoy aquí para ayudar" es casi seguro que siga hablando sin notar ni el más mínimo sarcasmo.
3.- Exageran un poquito. "Me dijo que me muriera" cuando en realidad le dijo algo como "no quiero hablar, te llamo después".
4.- Tienen una necesidad extraordinaria de acabar con la paciencia y el sentido cristiano en uno. Te bombardean continuamente con comentarios condescendientes acerca de sí mismos, tratando de ganar empatía y terminando por despertar una ira incontrolable que culminaría con la última necesidad de la jota:
5.-Necesitan ser maltratados. Después de agotar la paciencia de cualquier persona con intelecto y despertar el mini mefistofeles dentro de cada uno de nosotros, terminan por recibir respuestas como "pues te dejó por ser tan pinche dramático, mamón, puerco y con tendencias a la calvicie; probablemente si le hubieses dedicado la mitad del esfuerzo a tu relación de lo que le dedicas a la pinche granja pendeja de facebook, no te hubiera dejado. Pero estás bien pendejo, horrendo y con cuerpo de marrano parado, con especial talento para comer twinkies y almacernarlos en la fabrica adiposa que llamas organismo, y después vienes por pinche alivio a cada pendejo que ves en el msn en ves de llorar en la ducha como hacemos todos los buenos católicos decentes"
Pero está bien, pues tal cual thalía en cualquiera de sus novelas, la jota necesita del drama y del maltrato para ser funcionales....
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