lunes, 13 de julio de 2009

Como en la preparatoria

Si hay algo que realmente extraño de la preparatoria no es ese sentimiento apocalíptico que te invadia al despertar por la mañana, ni las erecciones continuas e involuntarias y mucho menos la cara repleta de acné; sino la fresca sensación de ser víctima de una infatuación. Y hablo completamente en serio, por que en ese estado realmente no importaba que detestaras la escuela, tuvieras una erección en público y te llamaran "el carpita" durante los próximos tres años o que te encontraran llorando por que tu ex novia te tiró por un barranco, se te rasparon las piernitas y rompió tu "Discman" (situaciones hipóteticas completamente), por que al inicio, al final y durante el día, tenías alguien en quien pensar y que al hacerlo no podías contener una sonrisa coqueta y tímida. Sin pretensiones, presiones o actitudes estúpidas y confusas, pues era completamente platónico: un ideal. Y recreabas una y otra vez, hasta llegar a lo enfermizo, el cómo sería cuando se hablaran, tocaran y acariciaran por primera vez; imaginabas sus gustos, deseos y aspiraciones.

Estoy completamente de acuerdo que ese estado es enfermo, adictivo y por demás patético, que es una agonía de esas que son tan crueles que no puedes imaginar que provienen de otra parte más que de la divinidad misma. Sin embargo, después de salir, conocer, asquearme, cambiar de bandos una y otra vez, y desarrollar una apatía que solamente es superada por mi misantropía, sarcamo, ironía y sobre todo cinismo, veo con verdadero anhelo ese estado de idiotización infantil e inocente que vívimos al ser esas cosas que la gente ha nomenclaturado como adolescentes. A fin de cuentas creo que es lindo poder soñar despierto, creer en la humanidad, en las cosas bonitas de la vida y en eso en lo que creen los mormones, tener fe, ver el destino con esperanza y todas esas cosas que tiene la gente más burda, y después de cierto nivel se percibe como un defecto y que paradojicamente no podemos dejar de envidiar: me refiero a simplemente estar, encontrar satisfacción en cosas sencillas y deshacernos de presiones, frustraciones y demás estupideces que verdaderamente no importan y preocuparnos por ver a aquella persona que arrebata tus suspiros.

Todos hemos conocido ese estado y lo aborrecemos, nos hace sentir de lo más pendejos y sin embargo no podemos dejar de sonreir al estarlo; y es algo que trasciende, por que inclusive hoy al recordar a aquel chic@ pintamos una sonrisa de idiota consumado. Y lo verdaderamente grandioso, es que nada puedo tocar la infatuación, por que jamás conoce el mundo terrenal.

Al escribir este post no dejo he dejado de sonreir y estoy completamente seguro que en cuanto termine de escribir, el cinismo volverá, recordaré que todos los hombres son unos retrasados y que es tan, pero tan, pero taaaaaaaan díficil encontrar a alguien con buena ortografía con quien pueda platicar más de cinco minutos sin morir de aburrimiento y que no sea un verdadero esperpento.

1 comentario:

  1. Pues no tendré tan buena ortografía pero soy la onda!!! jajajajaja

    Wey la neta... agh! Tocaste un punto clave en mi vida... y no es solo en la adolescencia!!!
    :'(

    jajajajaja

    ResponderEliminar