lunes, 25 de mayo de 2009

The Gaydar (Radar Gay)

Toma uno para reconocer a otro, o por lo menos eso dicen. Existe una leyenda urbana de que todo gay viene equipado a este mundo con una especie de capacidad extrasensorial que le indica quien es gay y quien es hetero. Digo que es leyenda urbana por que en lo personal jamás he tenido esa capacidad. Este post lo dedico a una gran historia de pasiones reprimidas, fantasías sin cumplir y mis fetiches que resultan en verdaderos clichés y pretensiones sin verdadero suspenso. Como todas las grandes historias de impulsos reprimidos, ésta se desarrolla en un escenario ideal, adecuado y por exceso sensual: la sección de verduras de walmart (a un lado de los tomates). Tal cual domingo por la noche, acompañé a mi madre a comprar los víveres destinados al consumo semanal del hogar, se me dio una tarea sencilla pero muy importante: escoger los tomates. En medio de una fuerte contienda interna conmigo mismo por definir qué tomates eran los ideales, levanté la mirada y ahí estaba. El objeto de mis fantasías y más oscuros deseos, parecía estar iluminado por la misma gloria (gloria = luces genéricas diseñadas por los dioses de mercadotecnía asesores de las grandes cadenas trasnacionales de supermecados), cuerpo corpulento, piel clara, cabello oscuro,ojos azules y esa barba que emula sórdida hombría y desdén hacia si mismo.

Antes de continuar con el relato, me gustaría hacer una referencia. Como todas las personas que me conocen saben, carezco de cualquier tipo de talento o habilidad para realizar trabajos manuales (bueno, hay uno que sí sé hacer, lol, too much?)y consecuentemente me veía obligado de tiempo en tiempo, asistir al mécanico de mi predilección para el cambio de aceite de mi carro (sí mamá gallina, ese que me robaron y que por ende no tengo, sí, ando a pie, ja ja). Por azares del destino, en alguna ocasión decidí pasar a un taller lejano de mis rumbos regulares y fue cuando lo ví; lleno de grasa, sucio y envuelto en sensualidad (Estoy casi seguro que esta descripción va a generar algunas erecciones y el desconcierto y repudio de mi amigo Maury), el mécanico más candente que jamás haya conocido. Con burdas expresiones y un tono de voz extrañamente grave (que no se por qué me sale cuando hablo con gente "varonil" y nueva) mantuvimos todo tipo de interacción en términos meramente comerciales y anónimos. Mientras aquel trabajaba en mi carro, decidí deslizar mi mano por su trasero, él fue recíproco a mi movida y en medio del aceite empezamos a tener sucias relaciones, con mi respiración sobre exaltada, mis piernas temblando por el esfuerzo y el espasmo más fuerte que he experimentado terminamos por consumar el deseo. Ok, si sinceramente creyeron que así acontecieron las cosas no han estado poniendo atención a mis posts: mi vida es patética, soy cobarde, no sé como empezar una conversación con un extraño y me siento completamente fuera de lugar en contextos donde mi perspicacia, sagacidad, ingenio urbano y sarcasmo, no tienen ningún tipo de validez. El evento aconteció de la siguiente manera: llevé mi carro, el fulano le cambió el aceite, tuve como tres miniorgasmos (basados en fantasías dignas de cualquier película porno ochenteras, maquiladas en mi mente en esos momentos) pagué y me fui. Al término de tres meses, volví a ese taller, la dinámica fue la misma. Y así funcionó todo durante el siguiente año, en el cual, cada trimestre recorría una exhorbitante distancia solamente para hacer el cambio de aceite a mi carro, hasta aquel fatídico día. Volviando a la historia:

Estaba en la sección de tomates, cuando lo vi, era él, el mecanico burdo, sucio, con ese aire de arrogancia digno de los mecanicos y que no sabía articular oraciones correctamente y añadía una "s" al conjugar los verbos en pasado de manera indicativa "vistes", "Distes", etc. Cruzamos miradas y él sostuvo la suya, causando en mí el efecto India María y tirando al carajo mi inteligencia, sarcasmo y aire de superioridad usual, dejándome como colegiala de prepa, nervioso, con las piernitas temblando y el repentino sentimiento de que soy un puerco y no merezco comer más que apio. La mirada insistente del mecanico me hizo pensar que era un jotazo y que estaba interesado en mí, por lo que le lancé una mirada seductora y lo tomé justo ahí, en los tomates; bueno, hice casi lo mismo: evadí contacto visual y me alejé de los tomates, todo por falta de ese famoso gaydar que me aseguraría que efectivamente, ese hombre amaba el pito más que cualquier oficial de tránsito.

Las miradas quedaron en miradas, y las fantasías quedaron en fantasías; nuevamente me faltó el sentimiento aventurero y lo dejé ir. Llegué a casa y después de cierta actividad(por cierto, les he dicho que mis brazos están asimétricos, no sé por qué) me empecé a cuestionar acerca de lo simple que sería mi vida si pudiese reconocer a todo homosexual y sin juegos y pretensiones pudiese simplemente abordarlo. Mis conjeturas y anhelos frustrados, me llevaron a maldecir mi falta de gaydar, pues todo sería tan facil si tal cosa existiera.

2 comentarios:

  1. Pensé que saldrías con una de tus narraciones que terminan siendo algo completamente normal pero lo quieres poner sucio y dirigido a que la gente piense mal!! Por ejemplo:
    Deslice mi mano por su trasero... para pasarle el trapo y que se limpiara las manos para cobrarme!!!
    You are an evil evil fag! jajajaja
    Y yes!!... DUDE!!!!

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  2. jajajaaj doña Catita en acción! jajajajaaj buu you whore! jajajaja y si lo tienes lo que pasa es que te da miedo usarlo... luv ya!

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